Suena Rosana en el aparato de música. Puede que sea casualidad o no, pero ahora mismo suena el villancico en directo que grabó como canción escondida en su "Luna Nueva".
De camino a casa de mis tías, llamé a mis padres, y a mi hermana. Conversaciones frías donde las haya, sin más interés que los sentimientos que provocaron... Al día siguiente.
No pude hablar con mi sobrina, ya que cuando llamé a mi hermana ya estaban en mitad de la cena, comment est-ce possible? Tampoco con mi tía de Alemania, para qué? si normalmente no hablamos.
Cuando llegué a la esquina desde la que se puede ver la casa de mis ex-suegros, y antes de meterme en el portal de casa de mis tías, ver tanta luz saliendo de la biblioteca y del comedor, me llenó de nostalgia. Creo que sólo fue eso, pero recuerdo que salí del ascensor con un pañuelo en la mano.
El día de Navidad mejoró todo. Aunque no sean mi familia, me siento como si la fuera. De hecho, tanto en la cena, como en la comida, me recordaron lo poco y mal que comía de pequeña. E incluso una de mis tías, durante la comida, habló de lo liso que tenía el pelo cuando no tenía más de 3 o 4 años, y de cómo me había cambiado unos años más tarde, con 10-11.
Me gustó escuchar eso. Tontería tal vez, pero creo que guardo de mi infancia, precisamente todo esto, los momentos con todos ellos.
La comida, copiosa como siempre que cocinan Manena y Pili, (incluso Diana, se atrevió a hacer dos ensaladas!) estuvo muy bien. Creo que eramos 23 personas, incluyendo a los críos.
Y hasta nosotros, los mayores de los pequeños, tuvimos la idea de hacer un amigo invisible. (que de invisible no tiene nada, porque... todos sabemos a quien le ha tocado el otro)
Una tarde jugando al "asesino y al policía", con dos ángeles besuqueadores, muy poco disimulados, fue, creo, lo mejor de toda esta navidad.
He conseguido darle esquinazo a la Navidad... Otro año más.