jueves, diciembre 30, 2004

Le fantôme de l’opéra

Estaba buscando la libreta para llevarla mañana al banco, y allí estaba. La cajita azul. Y el anillo.

En otras ocasiones, cuando lo he cogido, je me suis mise à pleurer, mais pas cette fois-ci. Al menos, he tratado de no hacerlo.

Recuerdo como fue... La mañana de reyes. Un regalo. Otro. Y al final, la cajita.

Vika se emocionó al imaginarse lo que había dentro, Rose miraba extrañada a su hijo, y yo... No me lo creía.
Después de tantos años juntos, había decidido dar el siguiente paso. Y me eché a llorar al descubrir el porqué la noche anterior había querido que fuera a pasar la noche de reyes a su casa. Y sentí que,
aquella fría mañana de enero, todo era maravilloso. La felicidad existe.

Pero sólo en los pequeños momentos.

2 Comments:

Anonymous Anónimo said...

En los pequeños momentos.

9:58 p. m.  
Blogger dragonfly said...

Aisss....

9:31 p. m.  

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